miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pensamiento racional

Existen dos modos de pensamiento como todos sabemos. Uno de ellos es racional, lento y costoso. El otro automático, inconsciente, emocional, rápido, muy vulnerable y sujeto a errores. este viene instalado de fábrica y actualizado a la última versión. Lleva millones de años puliéndose y evolucionando sin descanso. El otro, el racional, es demasiado joven aun, no se ejecuta de manera automática y tiene muchas fallas que es necesario ir subsanando.

El módulo emocional y automático es el que nos permite salir corriendo a escondernos sin necesidad de pensarlo cuando en medio de la noche oímos un ruido extraño. Es el que nos permite rechazar automáticamente un alimento que hemos asociado, quizá inconscientemente, con un malestar gástrico. Aunque racionalmente sospechemos que el diagnóstico posiblemente sea erróneo, la mera visión de ese alimento nos producirá nauseas si lo hemos asociado con el malestar. Pero este módulo de pensamiento tan falible es también el que nos ha permitido sobrevivir al ayudarnos a evitar alimentos potencialmente tóxicos sin necesidad de pensarlo (algo que resultaría lento, costoso y a veces mortal).

Pero también es este módulo de pensamiento automático el que nos permite recuperar en milésimas de segundo toda la esencia de la infancia perdida al saborear esa sopa que tomábamos cuando llegábamos del colegio. Es el mismo módulo que indica ante que estímulos el perro de Pavlov debe salivar y ante cuales es mejor no hacer nada.

No importa que este modo de pensamiento sea incierto, intuitivo y cometa errores. Ante la duda se decide, sin pensarlo dos veces, por la opción que presenta menos riesgo. Normalmente es menos riesgoso rechazar un alimento inocuo que ingerir uno tóxico, o que pensarlo durante largo tiempo. Esta estrategia tiene mayor valor de supervivencia. Por eso predomina.

Es también este modo automático de pensamiento el que empuja a las palomas (y a las personas) que participan en experimentos psicológicos a desarrollar la superstición de que es, por ejemplo, moviendo la cabeza a la derecha (o colocándose un amuleto) como consiguen la comida o el premio. Esa recompensa está programada de antemano para ocurrir independientemente del comportamiento del sujeto, tal y como sucedería, por ejemplo, con la danza de la lluvia. Tanto en el caso de la paloma que acaba desarrollando la superstición de que son los saltitos hacia la izquierda lo que causa la entrega de la comida como el del humano que acaba creyendo que teclear 456 es lo que hace que aparezca el premio en un videojuego experimental, es en realidad la simple coincidencia entre ese comportamiento y la ocurrencia del resultado deseado lo que propicia la instauración de la creencia supersticiosa y de la ilusión de estar controlando el entorno.

Existe también el otro tipo de pensamiento. Pensamiento racional, lógico, crítico, correcto. Es el que un robot y un científico darían por bueno. Pero es muy costoso y muy cansado. Requiere pensar, pararse, analizar ventajas e inconvenientes, ver el mismo problema desde varios ángulos. Requiere esfuerzo, tiempo, energía. No puede estar en funcionamiento todo el tiempo. El pensamiento crítico y racional no viene instalado de fábrica, y eso es lo más importante que debemos recordar. Hay que preocuparse de instalarlo y adecuarlo de manera correcta a base de mucho esfuerzo consciente. Pero es este tipo de pensamiento el que nos indica cuando nuestros esfuerzos son vanos, cuando una relación ya está finalizada y nos permite continuar con nuestra vida a pesar de todos los sentimientos que la experiencia (parte del aprendizaje) nos ha dejado.

Debemos dejar que nuestro modo automático nos impulse a correr en caso de ser víctimas de violencia y no nos permita regresar a esa situación, pero también debemos aplicar el pensamiento crítico para determinar cuando una etapa ha finalizado y no seguir con la superstición del amuleto o de los saltitos a la izquierda.