martes, 5 de agosto de 2014

¿Existe el amor romántico?

De acuerdo al profesor de la Universidad de Limoges Jean Verdon, el amor, tal como lo entendemos hoy, se inventó en el siglo XII por parte de los trovadores y proponían un arte de amar, el amor cortés, que se convirtió durante ese y el siguiente siglo "en un sistema coherente, aunque dotado de múltiples variaciones". Según el citado profesor, comienza a mostrarse desde esas fechas como un todo, carnal y espiritual, sexual y emocional.

Por esas fechas, Leonor de Aquitania, en una (de tantas) tarde de aburrimiento, junto con su séquito de señoras (igualmente ocupadas) definieron las reglas del amor cortés, entre todas las normas a seguir estaban que no podía existir dentro del matrimonio y que solo podía ser espiritual.

Se me hace lógico que se impusiera que el amor romántico estuviera separado del matrimonio por motivos antropológicos: El matrimonio era una institución socio-económica y política y el amor no formaba parte del mismo. Lo que hace evidente que la exigencia que el amor formara parte del matrimonio es posterior y requería nuevas reglas para poder solventar su limitación puramente espiritual.

El amor romántico ha sido apoyado en occidente por los artistas, pero el último empujón se lo debemos a Hollywood que ha (re)definido las reglas del amor romántico que nos atañe a muchas generaciones y a proporcionado una manera de reconciliar su parte física con la espiritual exportando esa visión al resto del planeta.

Pero lo que motiva la pregunta no es la historia, aunque ella nos sirve para descubrir que lo que llamamos amor romántico es una invención lejos de la realidad biológica del ser humano. El principal apoyo de este invento procede de los métodos de crianza de nuestra cultura. La familia (tradicional) se funda en una pareja heterosexual excluyente (en un bando los padres, en otro los hijos) en la cual en realidad los hijos no tienen cabida (por ejemplo, se les expulsa del dormitorio de los padres, sus opiniones no son consideradas, etc.), por lo que los hijos crecen con carencias afectivas que deben cubrir en la etapa adulta a través de la búsqueda del "amor" que mitigue esas carencias.