jueves, 16 de enero de 2014

Infidelidad

Una de las cosas que más me llaman la atención es que la mayoría de las mujeres considera(mos) que solo existe la infidelidad sexual, sin embargo hacemos a un lado otro tipo de infidelidad que incluso puede tener mayores consecuencias, me refiero a la falta de lealtad. En la mayoría de los casos la primera trae aparejada la segunda, pero no por eso deja de causar daño.

Este es un tema bastante complejo por sus orígenes y consecuencias, no creo deba tratarse de manera ligera o envueltas en las emociones inherentes a una traición. Cómo todo acto humano, involucra motivaciones y responde a la disminución de sentimientos de ruptura por los pactos que se han roto. Por lo mismo debe de manejarse como cualquier otro duelo.

Para encontrar la raíz del problema debemos despojarnos de los naturales mecanismos de defensa y la muy común tendencia a justificar nuestros actos, independiente de su calificación.

No es lógico pensar que cuando dos personas se aman y deciden hacer vida en común (supuestamente con intención de permanecer juntos) tengan en mente la idea de ser infieles. Que vayan en contra de sus pactos y más sentidas promesas y pongan en peligro, y quizá acabando, con una relación íntima que surgió y se fundó de forma absolutamente voluntaria y deseada por ambos. Es por eso que debe asumirse la existencia de motivos que originaron las acciones que violentaron la solidaridad mutua.

La tendencia normal es cargar toda la culpa a quien lleva a cabo el acto desleal, lo cual es bastante humano, aunque no razonable ni justo.

Lo apropiado y beneficioso para la tranquilidad espiritual del ofendido, es encontrar los elementos o antecedentes que originaron o contribuyeron a que el ofensor tomara decisión tan perjudicial para la unión establecida, su pareja, y contra si mismo en el aspecto ético y moral (el cual podría no mostrar, pero no puede dejar desatendido)

La falta de lealtad es producto de la acumulación de pequeñas y progresivas insatisfacciones, incomprensiones, faltas de acuerdo, malentendido, inconsecuencias y… monotonía en la relación, que originan y fomentan ambos miembros; eso desencadena la traición que, de haber mediado la atención interesada y cuidadosa del comportamiento de su pareja, seguramente podría haber sido detectada, determinada, y quizás evitada a tiempo.

Es fácil y cómodo achacar toda la culpa al ofensor, sin analizar hasta donde se tuvo implicación en originar, contribuir, aceptar, o no detectar a tiempo las motivaciones que originaron la actuación inconveniente. Lo difícil, aunque conveniente, es aceptar con sinceridad y valentía hasta donde no fuimos capaces de detectar o afrontar el problema oportunamente.

No hay otra posibilidad para sobrellevar o disminuir los dolorosos efectos de la infidelidad, que analizar sus orígenes y el porcentaje de implicación personal, que en su concreción corresponde al agraviado.