viernes, 31 de enero de 2014

Violencia IV

¿Cuántas violencias sufro sólo por ser mujer?
En la infancia no me dejaron ser scout por que eso no era cosa de niñas. Sufrí la adolescencia entera por no comportarme de manera femenina. Por no tener senos. Por no tener cabellos largos y lisos. Desde siempre tuve mi sexualidad reprimida por mi familia, por la sociedad y por los medios. Cualquier cosa que hiciera mal sería motivo para ser llamada inútil.
En uno de los primero empleos escuché que las mujeres no trabajan tan bien porque son incapaces de separar sus sentimientos y sufren de síndrome premenstrual (SPM). En otro empleo mi jefe me dijo que mi cabello estaba feo y me pagó un salón de belleza para arreglarlo y estar más presentada para los clientes. Decidí que no quiero ser esclava de la depilación y soy mirada diariamente con asco cuando me pongo shorts o blusitas sin mangas. He usado muchos maquillajes sólo porque la televisión y la publicidad muestran mujeres maquilladas, y por lo tanto es muy común sentirnos feas de cara limpia. Tu, hombre ¿Sabes lo que es el maquillaje? Hay un producto para dejar la piel homogénea, uno para esconder ojeras, otro para esconder manchas, otro para dejar los cachetes colorados, otro para destacar las cejas, otro para destacar las pestañas, otro para colorear los párpados, otro para colorear los labios. ¿Cuántas veces pasaste tantos productos en la cara sólo porque tu jefe o tu 'cita' te van a ver feo con la cara limpia?
Cuando estoy en el metro procuro un lugar seguro para evitar que alguien me roce. ¿Tu haces eso? Cuando voy a reuniones de familia, me preguntan porque estoy tan flaca, y lo que hice con el cabello y si tengo novio. A mi primo, le preguntan qué está estudiando y en qué está trabajando. En la televisión el 90% de las propagandas me denigran (a pesar de la legislación que pretende evitarlo). Casi ninguna película me representa o pasa el Test de Bechdel. Todas las mujeres son mostradas con ropa sexy, igual que las heroínas que se supone que deberían estar usando ropa cómoda para las batallas. Las revistas me enseñan que el objetivo en la cama es agradar al hombre.
Mientras tu, hombre, comparabas tu pene con el de los amiguitos, a mí, mujer, me enseñaban que masturbarse era muy feo y que si usaba faldas cortas no me estaba dando a respetar. ¿Cuánto tiempo me demoré para librarme de la represión sexual y convertirme en una mujer que le gusta coger? ¿Cuánto tiempo me demoré para para soltarme en la cama y conseguir un orgasmo, mientras varias de mis compañeras continúan preocupándose por si su pareja está viendo la celulitis o el gordito de la cintura y por eso no lo consiguen? ¿Cuánto tiempo demoré para conseguir mirar un pene y coger la luz prendida? ¿Cuántas veces escuché mientras manejaba un “tenía que ser mujer”? ¿Cuántas veces has escuchado un "tenía que se hombre" cuando manejas? Todo eso para, al final del día, ir a cenar a un restaurante y no recibir la cuenta cuando yo la pido, pues desde hace 5 mil años soy considerada incapaz. Y todo eso, para escuchar que estoy exagerando, que ya no existe el machismo.
Eso es un resumen de lo que sufro o corro el riesgo de sufrir todo el día. Yo, mujer blanca, clase media. La negra sufre más que yo. La pobre sufre más que yo. La oriental sufre más que yo. Pero todas nosotras sufrimos del mismo mal: Ningún país del mundo trata a sus mujeres tan bien como a sus hombres. Ninguno. Ni Suecia, ni Holanda, ¡Ni Islandia! En todo el mundo civilizado sufrimos de violencia, tenemos menos acceso a la educación, al trabajo o a la política.
En todo el mundo somos todavía hermanas de Shakespeare.